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    Unidad de Diabetes Infantil. Un paso Necesario

 

Durante este año que he dedicado a la formación en un campo de la pediatría que es la Endocrinología Infantil he podido comprobar en repetidas ocasiones el drama familiar que constituye el debut de diabetes en un niño. Inicialmente, tras el debut, y durante un periodo que oscila entre 1 y 2 semanas el diabético nuevo y, sobretodo sus padres, permanecen en el hospital, inician el tratamiento con insulina, y toman contacto con la enfermedad así como con las pautas de tratamiento y reglas básicas de conducta en distintos aspectos de la vida cotidiana del debutante.

Lo que inicialmente en los padres es un sentimiento de incomprensión, de impotencia o de duda cuando concluye este periodo de ingreso se ha transformado en angustia, temor y gran responsabilidad. Se enfrentan en este momento al manejo diario de la dieta, insulina, cambios de dosis, monitorización de controles glucémicos, actitud ante hipoglucemias o hiperglucemias... y lo hacen solos. Surge de inmediato una pregunta dirigida a nosotros:¿cada cuánto se va a ver al niño en la consulta?. En sus caras, ya de por sí tensas, se refleja tras nuestra respuesta, el paradigma del asombro..............”entre 6 y 8 meses”.

Las Unidades de Diabetes Infantil constituidas ya en muchos hospitales españoles intentan ofrecer atención global y continuada al niño diabético. Suelen estar compuestas por uno o varios médicos pediatras con formación en diabetes infantil, enfermero/a educador/a, personal auxiliar y en pocos casos psicológos infantiles de apoyo.
 

La labor educativa es básica en estas unidades, siendo el educador/a quien enseña los primeros pasos del manejo de la diabetes ya desde el primer día de ingreso en el hospital. El educador enseña el manejo nutricional de la diabetes; dieta por raciones, calórica. También muestra el manejo de la insulina, dosis, formas de administración, tipos. Programa reuniones de padres en grupo, con niños, charlas en grupo con adolescentes diabéticos, y realiza otras muchas actividades que terminan acercando al diabético y familiares a un conocimiento más correcto y profundo de la enfermedad.
 

Asimismo, la dedicación exclusiva de una unidad hospitalaria a la diabetes infantil permitiría el correcto seguimiento del paciente diabético, con visitas y control de HbA1c al menos cada tres meses, que es lo que recomienda la DCCA (Asociación Americana de Diabetes) en casos de enfermedad bien controlada. Permitiría también la utilización de técnicas diagnósticas y terapéuticas novedosas como la Bomba de Infusión Continua de Insulina o la Monitorización de 24 horas de Perfil Glucémico, que exigen personal especializado y dedicado con exclusividad a la diabetes.
 


En la Unidad de Endocrinología Infantil del Hospital Virgen de la Arrixaca se controlan más de 200 niños diabéticos e ingresan entre 20-30 nuevos niños diabéticos al año. Tanto ellos mismos como sus padres merecen que se les proporcione la atención sanitaria más adecuada, con medios similares, al menos, al de otras zonas de España. Quizás así consigamos que la diabetes infantil deje de ser una enfermedad tan poco llevadera y podamos desarrollar habilidades terapéuticas para un buen control y mejora de la calidad de vida de niños y padres.


Es NECESARIO.


José María Martos.
Pediatra.