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Consulta a Demanda de Enfermería

 

Hace 20 años que en el marco de la Reforma de la Atención Primaria de Salud en España se pusieron en marcha las Consultas de Enfermería i. Aunque inicialmente se ocuparon, casi en exclusividad, de la vigilancia y control de procesos crónicos, la evolución de las necesidades sociales, así como el desarrollo teórico enfermero, ha impulsado a esta modalidad asistencial hacia otros ámbitos de necesidades de salud de la población.

Es previsible un notable incremento de la demanda de servicios enfermeros en función de la evolución social y tecnológica que vivimos. Sin embargo, la oferta de estos servicios no se anticipa, sino que se va a remolque de la demanda, lo que provoca insatisfacciones permanentes.

Una somera revisión nos permite identificar una notable disparidad en el desarrollo de las consultas de enfermería entre los diferentes lugares. Aunque influye, por supuesto, el Servicio de Salud en el que centremos nuestra atención, esta variabilidad depende aún más del profesional que ejerza en la consulta evaluada.

De modo global puede afirmarse que las consultas de enfermería no han llegado a consolidarse como un servicio plenamente resolutivo.  La población no percibe ni reconoce, en su generalidad, a la consulta de enfermería como un recurso asistencial de primera línea, al cual recurrir en caso de necesidad de atención(ii).

La demanda de atención sanitaria se vehicula, casi en exclusividad, a través de la consulta médica, que supone un embudo para la circulación de los usuarios por el sistema. Incluso la respuesta a necesidades de cuidados enfermeros se tramita por estas consultas, redefiniendo en muchas ocasiones la naturaleza de las necesidades planteadas, y ofreciendo respuestas medicalizadas y farmacológicas a situaciones que tendrían una respuesta más eficiente en una consulta de enfermería. Allí se le ofrecería un plan de atención que reforzaría su capacidad de autocuidado con muchos menos efectos secundarios y resultando mucho más eficiente y satisfactorio para el usuario y el propio sistema sanitario (iii,iv).

Sin embargo no puede decirse que la enfermera no asuma directamente demandas y resuelva situaciones de alteración de la salud. Lo que ocurre es que se hace en muchas ocasiones de un modo no formalizado, en pasillos, por la calle, a propósito de otro proceso asistencial2, el famoso “pues ya que…” –by the way-.

La falta de registros adaptados al proceso de atención enfermera, así como la disparidad de sus formatos, la insuficiencia de la informatización de la actividad enfermera en su conjunto, dificultan enormemente la investigación y comparación de resultados.

No existe una clara y homogénea definición de los servicios que en ella se ofertan, así como de sus criterios de calidad, la metodología a utilizar en ella, o los mecanismos de evaluación del servicios Esta desregulación  posibilita una alta discrecionalidad en la generación de este servicio. Ello da lugar a agravios comparativos entre poblaciones, al no disponer de servicios homogéneos. Tal conjunto de servicios dependerá mucho de la capacitación, recursos y motivación de la enfermera que atienda la consulta.
La rigidez de horarios y la no inclusión entre las agendas centralizadas para la citación dificultan su accesibilidad. Funcionan, casi exclusivamente, de forma programada y autocitada, sin huecos para
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a demanda espontánea. Esto provoca también restricciones en la oferta, abandonando segmentos de población con grandes necesidades de atención, mientras otros grupos están siendo reiteradamente visitados, incidiendo en claras ineficienciasvi.
Por otra parte, el sentimiento de inseguridad entre los profesionales para enfrentarse a la demanda directa de la población genera resistencias por parte de los mismos a una mayor flexibilidad en la oferta de este servicio.

La administración sanitaria contribuye a esta falta de desarrollo competencial con dos grandes responsabilidades, principalmente: la dotación de recursos y la actitud de los directivos. Las limitaciones de infraestructura, espacial y tecnológica, así como el restrictivo dimensionamiento de la plantilla, dificultan la ampliación de la oferta de servicios enfermeros. Pero también la selección de directivos y mandos intermedios tiene mucho que ver: si su perfil responde a un desempeño competente como gestores de cuidados incentivará este movimiento. Si, por el contrario, seleccionamos como líderes formales a enfermeras sin criterio profesional independiente, perpetuaremos la práctica enfermera delegada, incompetente e ineficiente.

La despersonalización de la atención enfermera dificulta la identificación de profesionales responsables e invisibiliza la profesionalización de los cuidados enfermeros y su impacto en la salud de la población. La falta de adscripción de pacientes/familias a una determinada enfermera, y su libertad para elegirla y cambiarla, impide una responsabilización inequívoca y profesional6.

Propuestas de Acción


Ante esta situación caben diversas intervenciones:

Oferta de la Consulta de Enfermería a Demanda como un servicio de todos los Centros de Salud, con horarios suficientemente amplios y conocidos, y agenda centralizada desde los servicios de atención al usuario que permita la demanda espontánea. Con visión de futuro, deberá también pensarse en la teleenfermería, instaurándose la consulta enfermera  telefónica y la posibilidad del telecontrol a través de webcams de pacientes inmovilizados en sus domicilios.

Personalización de la atención enfermera, constituyendo los cupos de población adscritos a cada profesional y poniendo en práctica el derecho del ciudadano a la libre elección de enfermera. Ella será la responsable de toda la atención enfermera que su población asignada requiera. Unido a ello deberá implantarse un complemento retributivo capitativo.

Definición clara de la cartera de servicios enfermera. Sus criterios de calidad, sistemas de registro y mecanismos de evaluación estandarizados. La capacidad resolutiva de las consultas de enfermería debe incrementarse en función de las necesidades y demandas poblacionales. El proceso de atención enfermero debe ser lo más finalista posible, resolviendo en la consulta enfermera todos los pasos requeridos para la satisfacción de necesidades de cuidados. Si de la valoración enfermera se deriva la prescripción de un determinado producto (tiras reactivas, absorbentes, apósitos, etc) debe ser la enfermera quien lo facilite, sin implicar a otros profesionales y otros procedimientos que incomoden al usuario.

Facilitaría tal objetivo la estandarización de la atención enfermera a través de guías de atención, protocolos, uso de escalas de valoración validadas, sistemas de registro que incluyeran la taxonomía diagnóstica enfermera, así como la estandarización de intervenciones y resultados

Formación. La resistencia y miedos que entre los profesionales cunde cuando se habla de consulta la demanda tiene mucho que ver con el déficit de formación, tanto clínica como de ámbito metodológico (valoración, diagnóstico enfermero, habilidades comunicativas, técnicas de entrevista clínica, etc). Un plan de capacitación para los profesionales es imprescindible para abordar el proyecto.

Reformulación de los objetivos de los centros de salud. Hemos sucumbido a la demanda clínica. Los objetivos de promoción de la salud y la prevención de la enfermedad han pasado a un segundo lugar. La enfermera comunitaria debe retomar la filosofía de la Atención Primaria de Salud, desarrollando prácticas de educación para la salud y potenciando las capacidades de autocuidado de la población. De igual forma, desde esta perspectiva, debe afrontarse los nuevos problemas de salud: toxicomanías, desestructuración familiar, desarraigo de inmigrantes y marginados, etc.


Estrategia de implantación

La puesta en marcha de todas estas medidas requiere la participación de todos los implicados en el cambio: directivos, médicos, enfermeros, personal de recepción y todo el equipo de salud en general. A unos y otros se les debe hacer ver las ventajas del trabajo en equipo, que requiere conocimiento de las propias competencias y las de los otros miembros, así como respeto y reconocimiento de aquellos.

Unos podrán reconocer la descarga de demanda recibida en sus consultas. Otros deberán asumir la responsabilidad que les toca en la resolución de los problemas de salud de los usuarios. Todos deberán contribuir a la salud general de la población.

La población deberá recibir información clara sobre la oferta de servicios enfermeros, sus horarios y enfermeras responsables a quienes están adscritos, así como del derecho que ostentan a la libre elección de profesional enfermero.

Las enfermeras deben comprometerse a realizar una gestión eficiente de sus consultas: evitar dependencias y frecuentación autogeneradas ineficientes, liberar tiempo para abarcar más y mejor las necesidades poblacionales.

Los profesionales enfermeros necesitan dar un paso adelante y asumir riesgos. La administración sanitaria debe dar más de uno en este sentido, para dar respuesta a las demandas ciudadanas de cuidados.

       Manuel López Morales
Enfermero Comunitario Profesor Asociado de Enfermería Comunitaria
Universidad de Jaén
Presidente de FAECAP
manlomor@terra.es

Bibliografia

i Jiménez MO. y Ruiz E. Consultas de Enfermería en Consultorios y Ambulatorios. Sevilla: Consejería de Salud. 1986
ii Jurado JJ, Rodríguez J, Girbés M. Consulta de Enfermería a Demanda. Experiencia en el Area 9 de Madrid. II Encuentro ASANEC. Granada, Noviembre 2001
iii Gonzalo, E. y Martín, F. La enfermería ofrece un servicio efectivo y satisfactorio a los pacientes que solicitan consulta a demanda en Atención Primaria. Gest Clín San 2001; 3 (2): 51.
iv Mundinger  MO et al. Prymary Care Outcomes in patients treated by nurse practitioners or phisicians. A randomised trial. JAMA 2000; 283:59-68.
v Rodríguez J. Un nuevo servicio en Madrid, Consulta de Enfermería a Demanda. Rev Rol de Enfermería 1997; 222:33-34
vi Martín, FJ. La implantación de la Consulta de Enfermería a Demanda. II Encuentro ASANEC. Granada, Noviembre