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ENFERMERÍA E INMIGRACIÓN A
modo de introducción, creo necesario conocer algunos datos sobre la
inmigración en nuestro país, para poder situar mejor el contexto en el
cual nos vamos a mover las enfermeras en nuestro trabajo diario. En
marzo de 2002 vivían en España 1.243.919 extranjeros con permiso de
residencia, según el Ministerio del Interior, lo que supone el 3% de la
población total. Hoy, la población oficial del estado español es de
41.000.000 de personas. El principal incremento del flujo migratorio
procede de fuera de Europa, casi el 70% de las personas extranjeras. A
la población regular, hay que sumarle los indocumentados, estaríamos
hablando de más de 250.000. En total, residen en España alrededor de
1.500.000 de extranjeros/as. El 3,64% de la población total. Todavía
estamos lejos de las cifras en otros países de Europa (Francia 6,3%,
Alemania 8,9%, Austria 9,1%...). El
número de inmigrantes ha ido aumentando por dos razones básicamente. En
primer lugar, una mayor intensidad del flujo migratorio, particularmente
de aquellos países que sufren recesión y crisis social y que, disponen
de redes migratorias hacía y España. Por ejemplo, Ecuador, Colombia y
también Argentina. La
segunda causa del aumento es puramente estadística. Los procesos de
documentación realizados desde el año dos mil han permitido regularizar
su estancia a buen número de personas que ya estaban aquí y que aparecen
ahora en las estadísticas oficiales. La
inmigración marroquí, continúa siendo el colectivo mayoritario por
origen de procedencia. Dos de cada diez extranjeros documentados en España
son marroquíes. Pero junto a la ya tradicional presencia marroquí, los
ecuatorianos se han afirmado como segundo colectivo en importancia. Por
otro lado, frente al perfil típico del inmigrante de mediados de los años
noventa que solía ser un hombre o una mujer sola, ha aumentado el número
de familias, tanto por efecto de la reagrupación familiar como por el
hecho de que, de forma creciente, la inmigración procedente de
determinados países latinoamericanos es en buena medida una inmigración
del grupo familiar que se realiza de forma escalonada. Es el caso de los
nacionales de Ecuador en los últimos dos años. En
España la presencia mayoritaria de inmigrantes está en el eje Mediterráneo
(Cataluña, País Valenciano, Murcia y Andalucía), así como en Madrid,
Islas Baleares y Canarias. En
los últimos años las personas inmigrantes han aumentado su
“visibilidad social”, tanto por su número como por su concentración
en determinadas zonas o barrios en ciudades. Son
más visibles, en la medida que aumenta su inserción residencial de
convivencia cotidiana con los autóctonos, y realizan una mayor utilización
de los espacios y servicios públicos. Hay
que hablar de la diversidad de situaciones que se dan dentro de ese genérico
“la inmigración” que tanto utilizamos. Una
fuente de heterogeneidad la constituyen las diferentes culturas, lenguas,
religiones, procedencias, composición interna y estrategias de adaptación
e inserción aquí. Se
establecen tres momentos del “ciclo migratorio”, proceso por el cual
las personas y grupos inmigrantes entran, se establecen y se implantan en
otros países. El primer momento es el de más vulnerabilidad, es el más
proclive a la marginalidad social, aun más cuando se prolonga en el
tiempo. Un
segundo momento es en el que se da el proceso de asentamiento y arraigo. En
el tercer momento se presenta como una inmigración ya arraigada que tiene
un espacio social permanente y donde plantea su reconocimiento por la
comunidad a la que pertenece. En estos momentos hay millones de personas
residiendo en países distintos a los de su nacimiento sin contar con un
reconocimiento documental de su situación. Los
países exportadores de personas suelen tener en común, una desigual
distribución de la renta y la riqueza, una abundante población joven y
una grave insatisfacción de las necesidades humanas básicas. En el análisis de la situación de la inmigración y el impacto sobre las sociedades receptoras europeas pueden producirse posiciones divididas, según la perspectiva de análisis que se adopte. Sin embargo una vez producido el hecho migratorio, el marco internacional de derechos humanos, el marco normativo europeo y el español (en buena medida) hacen evidente que las personas de origen extranjero que residen en territorio español son sujetos de derechos. Estos derechos no se pierden a pesar de que la vía por la que hayan entrado al territorio haya sido irregular, o hayan caído en ese estatus administrativo de irregularidad durante su estancia. De
acuerdo con la OMS (Organización Mundial de la Salud), tal como expone en
su documento “Políticas de salud para todos en el siglo XXI”, hay
tres valores básicos de promoción de la salud. La
salud como derecho fundamental de los seres humanos. La
participación y responsabilidad de las personas, grupos, comunidades,
instituciones, organizaciones y de los sectores en el desarrollo de la
salud. La
equidad en materia de salud y la solidaridad de acción entre todos los países,
entre grupos de población de cada país y entre géneros. Todos
los sectores de la sociedad debemos asumir nuestra cuota de
responsabilidad para reducir las desigualdades, la pobreza y la
marginalidad y minimizar su impacto sobre la salud. El sistema sanitario
debería ser asequible, confidencial, no estigmatizante y tener como
objetivo la salud de las personas inmigrantes sea cual sea su situación
administrativa. ¿QUÉ
PODEMOS HACER DESDE LA ENFERMERÍA? La
aparición de los extranjeros como nuevos usuarios que no son ciudadanos a
efectos político-electorales y que, en muchas ocasiones no son
contribuyentes directos del sistema, genera una nueva fuente de tensión
(social, financiera y de calidad de los servicios). Entre
los inmigrantes, la percepción de gratuidad puede verse potenciada por
las carencias del sistema sanitario en sus países de origen. Esto puede
provocar choques con los profesionales ante el aumento de la demanda, y
las dificultades del sistema para llevarla a cabo. Desde
la disciplina enfermera podemos dar respuestas cuando contemplamos a las
personas desde una concepción global. Cada vez con más frecuencia
atendemos a población inmigrante y ello nos obliga a reformular nuestras
estrategias y a una adecuación de nuestros servicios y conocimientos. Tanto
por el propio proceso migratorio como por las condiciones de vida, la
salud de la población inmigrante sufre diversas y en ocasiones graves
consecuencias. Los
inmigrantes actualmente ocupan empleos poco cualificados, poco atractivos
y mal remunerados para la mano de obra local, suelen ser de carácter
temporal, sin contrato y en los que las empresas no invierten en formación.
Además, el desconocimiento del idioma y la falta de comunicación por
tanto los coloca en una situación de riesgo de accidentes laborales. En
Alemania y Francia el 30% de todos los accidentes laborales actuales que
terminan en incapacidades permanentes se dan en inmigrantes. Datos
similares se extraen de Bélgica, donde los trabajadores marroquíes y
turcos de la industria pesada tienen más accidentes que los nacionales.
Los empleados en la agricultura intensiva en nuestra región están
expuestos a temperaturas sofocantes (causantes de cefaleas, trastornos
neurológicos, depresiones o abortos) durante el trabajo en los
invernaderos con pesticidas. Existe
una gran influencia de la cultura en la concepción de la enfermedad por
lo que la persona inmigrante se ve obligada a reorganizar sus códigos de
valores y adaptarlos a la cultura de acogida, en definitiva occidentalizar
su enfermedad. Muchas
veces la pérdida de la salud hace peligrar el proyecto migratorio tanto
de la persona como del grupo familiar, aumentando el temor y el estrés de
estas personas. La salud es nuestro punto de encuentro con las personas
inmigrantes. Nos enfrentamos en definitiva a un fenómeno de comunicación
intercultural, entendiendo esta como el intercambio entre dos grupos
culturales diferentes. Esta
situación se puede afrontar desde dos perspectivas diferentes: una
individual, cada uno (cliente- profesional) tiene sus propios valores y
creencias que reafirman las diferencias. Y otra interaccionista que
implica reconocer dos actores, uno en presencia del otro que tratan de
conocer sus afinidades y buscar espacios comunes. En esta segunda
perspectiva es donde se inserta la enfermería transcultural. La
enfermería transcultural es el área formal de estudio y trabajo sobre el
cuidado basado en la cultura, creencias de salud o enfermedad, valores y
prácticas de las personas, para ayudarlas a mantener o recuperar su
salud, hacer frente a sus discapacidades o a su muerte (M.Leininger
1978,1995). El
cuidado culturalmente apropiado se convierte en significativo para las
personas que están enfermas o sanas y es un potente generador de
progresos curativos. Las
enfermeras como principales realizadoras de cuidados tienen una
oportunidad especial para hacer enfermería transcultural. Hay dos
factores fundamentales que pueden influir en el hacer de la práctica
enfermera: etnocentrismo e imposición cultural. El
etnocentrismo se refiere a la creencia de que los propios valores,
creencias y maneras de conocer y hacer son las mejores, o superiores a
otras (M.Leininger ). La
imposición cultural se refiere a la tendencia de imponer los propios
valores, creencias y prácticas etnocéntricas a otra persona o grupo,
limitando su libertad y respeto como ser humano. Como
elemento básico para el acercamiento intercultural es necesario
plantearse como podemos prepararnos los profesionales para una mejor
comprensión y comunicación con los inmigrantes y sus familias. Para ello
es preciso: comprender la diversidad intercultural, valorar sus efectos
sobre la salud, integrar los conocimientos, creencias y saberes de la
cultura minoritaria en los de la biomedicina, y aprovechar los recursos de
unos y otra. Desde
una perspectiva genérica, habría que tener como puntos básicos del análisis
para un mejor conocimiento de la persona inmigrante datos como:
Para
entender los problemas de salud de los nuevos usuarios-inmigrantes puede
resultar esclarecedor el esquema de Prevención Primaria (Costa y López,
1986), tomado de la propuesta de G.Albee a principios de los ochenta. Este
esquema está basado en el modelo de competencia social, e indica que la
incidencia de los problemas de salud es una razón variable que depende
por una parte de causas orgánicas, de las circunstancias estresantes de
la vida y de las necesidades en general, también depende además de los
recursos disponibles para hacer frente a estas situaciones y necesidades. Diversas
investigaciones desde la enfermería transcultural, plantean diagnósticos
diferenciales que aparecen relacionados con el fenómeno migratorio, ya
que este produce desarraigo, diferencias culturales y religiosas, lingüísticas,
de hábitos y costumbres. Estos
diagnósticos están agrupados por patrones funcionales de salud y
enunciados según clasificación NANDA .
Estos serían:
Todos
serán más o menos problemáticos en función de las culturas de origen,
de las capacidades personales así como de los obstáculos creados por la
cultura receptora. INTERVENCIONES
BÁSICAS DE ENFERMERÍA PARA UNA BUENA ACOGIDA EN EL SISTEMA. Actitud
asertiva y empática mediante escucha activa, presentándonos, prestando
apoyo emocional, proporcionando seguridad, aceptación y ánimo en
momentos de tensión, ayudando al paciente a adaptarse y a afrontar los
factores estresantes y los cambios en su nueva vida. La
disciplina enfermera debe y puede intervenir desde la intermediación
cultural siendo el puente entre la cultura del paciente y el sistema
sanitario. Algunas
actividades a realizar serian: ·
determinar la naturaleza de las diferencias conceptuales que tienen el
paciente y el profesional sobre los problemas de salud o el plan de
tratamiento. ·
Fomentar una discusión abierta de las diferencias y semejanzas. ·
Identificar con el paciente las prácticas culturales que pueden
afectar negativamente a la salud de manera que el-ella puedan elegir de
manera informada. ·
Tratar las discrepancias abiertamente y aclarar los conflictos. ·
Conseguir cuando estos no se pueden resolver, un compromiso de tratamiento
aceptable en función del conocimiento del profesional de enfermería, del
conocimiento del punto de vista del paciente y de las normas éticas. ·
Dar al paciente más tiempo del habitual, para que asimile la información
y medite la toma de una decisión. ·
Mantenerse relajada y sin prisas en las citas. ·
Utilizar un lenguaje sencillo evitando tecnicismos. ·
Disponer la acomodación cultural (una persona diabética en el Ramadán). ·
Ayudar a otros profesionales a entender y aceptar las razones de no adhesión
del paciente. CONCLUSIONES Cada
inmigrante vive la experiencia de su condición de diferente manera. El
vapuleo interior que sufre es con frecuencia tanto o más violento que las
inclemencias externas. Se
comprende así el alto índice de conflictos, maltratos y separaciones en
el seno de las familias que emigran al completo. Una
integración social y laboral razonable permite forjarse proyectos y por
ende, enjugar la nostalgia de lo perdido con la esperanza de las metas.
Las personas se sienten entonces dueñas de su libertad y capaces de
controlar su salud y su destino. Es
un reto para la enfermería aprender acerca de las diferentes culturas, ya
que realizamos nuestro trabajo en una sociedad cada vez más
multicultural. Los
cuidados culturales en enfermería consisten en la integración efectiva
de los antecedentes etnoculturales del paciente y sus tradiciones y los
procesos basados en la disciplina enfermera. BIBLIOGRAFÍA CLAVIJO,
Claudia y AGUIRRE, Mariano (2002), Políticas sociales y estado del
bienestar en España: las migraciones, Fundación Hogar del Empleado.
Madrid. LEININGER,
M (1999), Cultura de los cuidados, Revista de Enfermería y Humanidades, nº
6 (pp.5-12). Asociación de Historia y Antropología de los Cuidados de
Alicante. LÓPEZ-VELEZ,
Rogelio (2002), Inmigración y salud, Yamanouchi. Madrid. LUCAS,
Javier de y TORRES, Francisco (eds) (2002), Inmigrantes: ¿cómo los
tenemos?, Talasa, Madrid. CARMEN
SAURA GARCIA Enfermera
Centro de Salud de Puente Tocinos Licenciada
en Antropología Social y Cultural
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