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Ayudar no es hacer las cosas por otro Una de las misiones de enfermería es ayudar al paciente a conseguir la salud, proporcionándole las herramientas y los conocimientos que precise para hacerlo. Luego queda la determinación de la persona para tomarlas y usarlas en su curación.
Está claro que esto resulta difícil cuando él tiene asumido que todo es debido a causas externas, ritmo de vida, "forzamiento" de la sociedad a la competitividad, falta de medios para cumplir las expectativas, dificultad para decir no, etc.... pero ahí está nuestra labor, porque si es cierto que todos esos condicionamientos imponen una marcha que a veces no da tiempo a discernir que es lo que no es beneficioso al "ser", si nos topamos con el lapsus que permite la enfermedad para hacer recapacitar al paciente sobre todo esto. Lo que incita a que el profesional en su contacto con el paciente no se limite a curar sino reconducir sus hábitos y a tener el valor de plantear cuestiones que le impliquen en la asunción de su responsabilidad en todo lo que le sucede, ya que es ahí donde se consiguen resultados a largo plazo y es hasta ahí donde el profesional debe llegar, porque traspasar limites de responsabilidad solo hace que el paciente se sienta incapaz de asumir su trabajo en cuidar su salud (siendo siempre dependiente) y provoca el cansancio del cuidador que agota sus recursos sin obtener cambios positivos en él. En todo esto juega un papel importante la educación ante el régimen de vida asumido, en el planteamiento de que es lo que se quiere, y como se va a afrontar la vida en su consecución, sin traspasar limites que el organismo no permite, evitando el estrés, la alimentación excesiva o escasa, la falta de descanso y reajustando las expectativas a la realidad de las posibilidades de cada uno, teniendo en cuenta cuales son las prioridades (profesión, familia, placer, estudios, etc), sin achacar a otros la imposibilidad de su consecución, y evitando el agobio del "querer y no poder" ante la incapacidad para darse cuenta de que esas expectativas son las que les conducen a tal disyuntiva, con lo que disminuirían los riesgos de enfermedad, tanto física como mental, y no digamos la moral que ante esa dicotomía no acierta a saber si lo que hace está bien o mal, provocando el desasosiego y la disconformidad. Otro punto importante es saber aceptar que el paciente no quiera responsabilizarse de su salud porque su mecanismo de recompensa, ante su incapacidad para resolver sus conflictos esté en la prestación de los servicios que el profesional puede darle, ya que se encuentran incapacitados para proporcionársela ellos mismos o son incapaces de pedirlas a su entorno, pero ahí tendremos que saber dilucidar que está dentro de nuestra responsabilidad, y actuar en consecuencia. Elvira Núñez Enfermera
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