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Leyendo este articulo de José Antonio Marina publicado en el semanal del 11 Nov 2001, he reconocido parte de la labor de enfermería, creatividad cotidiana, porque en su acercamiento al paciente cada uno saca lo mejor de sus recursos, y aunque a veces el cansancio nos haga seguir las rutinas y las metinas que nos proponen, tenemos que aprovechar nuestro afán para crear y seguir haciendo que nuestra profesión sea protagonista de acontecimientos hermosos y buenos , que benefician a otros . Aquí os lo trascribo para que podáis sacar vuestras conclusiones
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La pasión de crear.Crear es hacer que algo valioso que no existía, exista.En este sentido todos queremos ser creadores, porque es el mejor modo de justificar nuestra existencia. Aspiramos a poder decir: «Sin mí, esto no habría sucedido». Tener un hijo, plantar un jardín, emprender un negocio, escribir un libro, hacer feliz a una persona son actividades inequívocamente creadoras. Nos convierten a todos en pequeños dioses, en demiurgos de la cotidianidad. Tradicionalmente se considera que los grandes creadores son los artistas, los pensadores, los inventores. Con la experiencia que me da haber investigado mucho y escrito un montón de libros, les puedo decir que escribir, componer o pintar no es tan complicado como dicen. Ni siquiera hacer ciencia, que parece el colmo de la complejidad. Lawrence Bragg ganó el Premio Nobel de Física a los 25 años por descubrir la ley de difracción de los rayos X. James Watson, descubridor con Francis Crick de la estructura en doble hélice del ADN, ganó el Premio Nobel de Química por un trabajo hecho también a los 25 años. La literatura, el arte o la ciencia son magníficos alardes de una habilidad que tenemos todos, aunque muchas veces las circunstancias y la desidia nos impidan desarrollarla. Me impresiona mucho la creatividad cotidiana, tan necesaria para la felicidad personal y para la felicidad social. Nada me parece más difícil que animar a una persona deprimida, mantener una conversación interesante, salvarse de las rutinas, hacer feliz a quien quieres, educar bien a un hijo o construir una sociedad justa. Mi fascinación por la cultura china y japonesa se basa en su capacidad para introducir la gran creación en la vida diaria. Es sorprendente ver cortar flores a un maestro zen. Jamás lo hace al azar, sino que elige cuidadosamente cada tallo, cada hoja, de acuerdo con la composición que tiene en su espíritu. Esta sección reproduce mis memorias de investigador privado, por eso es inevitable que les hable de mí. Acabo de dar un curso en la Universidad Politécnica de Valencia sobre la 'inteligencia creadora', que es el asunto que me ha ocupado durante decenios- Me produce una euforia particular asistir a un acto creador. El protagonismo del creador es humilde porque se agota en ser condición de posibilidad de un acontecimiento hermoso o bueno, que beneficia a otros. La Psicología actual ha descubierto que hay personalidades creadoras y personalidades inertes. Actividad y pasividad son rasgos funda- mentales del ser humano. Ser activo no significa estar agitado, corriendo de un lado para otro, como la ardilla de la fábula, que al final preguntaba angustiada: «Tantas idas y venidas/ tantas vueltas y revueltas/ quiero amiga que me digas/ ¿son de alguna utilidad?». La creación implica siempre hacer algo nuevo con cosas viejas, algo importante con cosas pequeñas, y esto implica un cierto esfuerzo. Mi idea de creación procede del baile. Los bailarines se entrenan para adquirir soltura. Quieren transfigurar el esfuerzo en gracia. Y éste es un proyecto que debe trasladarse a la vida diaria. Las relaciones amorosas, por ejemplo, suelen acabar consumidas por el aburrimiento, y cuando se recomienda introducir en ellas creatividad, el consejo casi siempre se refiere a algún tipo de gimnasia sexual y no a una completa creación afectiva. Crear supone romper alguna forma de rutina. Y esto suele ser costoso porque las rutinas descansan mucho. Lo malo es que también aburren. Esta es la gran paradoja del ser humano. Quiere a la vez la exaltación y el descanso, la novedad y la repetición. Las costumbres, las rutinas, lo establecido, nos tranquilizan y dan seguridad. Pero al mismo tiempo deseamos aumentar nuestras posibilidades, ampliar nuestras experiencias. Con frecuencia, la máxima novedad a que se aspira es a «salir de casa» o a «matar el tiempo», que es un modo de suicidarse de puntillas.
Estamos sojuzgados por 'rutinas' y 'metinas'. Las rutinas nos dicen las rutas por donde debemos discurrir. Las 'metinas' las metas a que debemos aspirar. Ambas se engalanan con el aura de lo imprescindible o, al menos, de lo irremediable. Tal vez no sea tan evidente que tengamos que hacer y tengamos que anhelar lo que nos dicen. Tal vez debamos seguir el consejo del sabio Goethe: «Deshabitúate de lo cotidiano, y en lo bello, noble y bueno, vive resueltamente»
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