LA ENFERMERÍA EN LA REGIÓN DE MURCIA. TRABAJO ENFERMERO, REGISTRO Y EVALUACIÓN

 

Maribel Macián Morro.

Enfermera del E.A.P. de Moratalla
 

 

En 1996, fue la primera vez que tuve contacto con el proceso de evaluación que se utilizaba en la Gerencia de Murcia, como representante de mi centro en dicho evento. De cada Equipo de Atención Primaria, debía ir un representante, que solía ser alguien que voluntariamente aceptaba este cometido, independientemente de qué profesional fuera, enfermera, administrativo, médico…. Previamente, varias personas de la Gerencia se habían personado en los centros y se había seleccionado ciertas historias clínicas de forma aleatoria, que debían permanecer en sobres cerrados y el día en cuestión, llevábamos dichos documentos al lugar donde se nos citaba.

 

Que los sobres llegaran cerrados, tenía su importancia ya que antes de realizar este proceso de evaluación y análisis de los datos registrados en las historias clínicas, se hacía público qué programas o qué datos se iban a evaluar de las historias y en función de este resultado y de otros, como haber cumplido los objetivos en los capítulos de gasto por sustituciones, gasto farmacéutico etc… muchos centros de salud llegaron a cobrar incentivos económicos en cantidades importantes.

 

Las irregularidades de este proceso fueron notorias, no sólo había muchos representantes de los centros que acudían el día en cuestión con las historias clínicas debajo del brazo, literalmente, y por tanto pudiendo haber sido manipuladas en los datos que se evaluaban, sino que había que evaluar las historias de cada centro de salud de dos en dos personas, para ser lo más objetivo posible, hecho que tampoco se respetó puesto que había personas que evaluaban de forma independiente. Si con todo esto no era suficiente, antes de comenzar el proceso intentábamos llegar a acuerdos comunes para determinar exactamente qué datos y cómo debían estar registrados para considerarlos “SI” o “NO”, por ejemplo si en una Hª se evaluaban antecedentes familiares y estaba registrado con el símbolo φ, ¿considerábamos esto como “SI” o era insuficiente? La respuesta era que lo que consideráramos y por tanto evaluación totalmente subjetiva donde según esta subjetividad algunos centros tenían un poco más cerca el cobrar los famosos incentivos o un poco más lejos. Si aparte de esto, tenemos en cuenta que los resultados de estas evaluaciones son el reflejo del trabajo en los equipos, del trabajo de cada año, que son los datos que manejan los políticos para tomar decisiones, nos podemos hacer una idea de la importancia que tiene todo esto, así como de la forma en la que se han extraído los datos desde las historias de papel.

 

Todos estos datos, se compilaban por personal de la Gerencia y se nos presentaban como resultados de la evaluación, comparando por profesionales, centros de salud, Áreas y Gerencia global, con la autoría de todos estos registros para los profesionales médicos, haciendo escueta referencia final a los profesionales de enfermería. Uno de los años, nos sorprendieron en la Gerencia, todavía pertenecíamos al INSALUD, puesto que se nos pidió que especificáramos en las planillas donde realizábamos los registros, si el registro en cuestión lo había realizado una enfermera o un médico, a lo que nos negamos dada la imposibilidad de saber quién realiza cada registro en las historias de papel.

 

Sorprendentemente, en una de las ocasiones, se nos dio la enhorabuena a todos los profesionales de enfermería para que lo hiciéramos extensiva a todas las enfermeras de nuestros centros de salud, aunque lamentablemente no de forma institucional, pues desde Madrid habían detectado que únicamente cumplían los objetivos aquellas historias donde registraban los profesionales de enfermería. Digo sorprendentemente, porque este reconocimiento público no sirvió de nada pues se siguió dando el protagonismo de los registros de las historias a otros profesionales aún cuando se había reconocido esto. Más llamativo resulta que la autoría de estos datos no los tengan los profesionales de enfermería si tenemos en cuenta que los programas que se han evaluado con más frecuencia son los programas de pacientes crónicos e inmovilizados, donde según los últimos estudios son las enfermeras las que los llevan entre el 85 y 90%.

 

En los programas de crónicos, hasta hace muy poco tiempo, únicamente se habían evaluado datos técnicos; cada cuánto tiempo se tomaba la TA a un paciente hipertenso, cada cuánto se le realizaba la glucemia basal a un diabético, etc.. , sin importar cómo estaban estos indicadores y por qué, actividades que de siempre se las ha adjudicado claramente a las enfermeras pero que incluso en esto nunca se nos ha reconocido como responsables de su cumplimiento, fuera éste adecuado o no. No hace mucho tiempo, se evaluó por primera vez un índice relacionado con la calidad, como es la hemoglobina glicosilada, más relacionado todavía con la educación sanitaria que realizamos en nuestras consultas de enfermería a los pacientes diabéticos, pero resultó también adjudicado el resultado de este indicador únicamente a un profesional, que paradójicamente es el que menos trabaja con los pacientes crónicos.

 

Si adaptamos todo lo dicho a la evaluación en OMI, nos encontramos más de lo mismo. Se han volcado los datos por cupos, dando la autoría de los mismos a unos profesionales exclusivamente y haciendo una reseña mínima a los profesionales de enfermería que son los que verdaderamente trabajan con los pacientes crónicos. Resulta sorprendente que esto suceda así cuando en los registros de OMI cada profesional tiene unos códigos de acceso y por tanto pudiéndose saber qué trabajo realiza cada cual.

 

Respecto a los criterios a la hora de registrar, es decir, dónde se registra cada dato, nunca ha existido un criterio al respecto, ni en historias de papel, lo que causó muchos problemas en su momento ya que no sabíamos dónde buscar los datos, ni en OMI, donde los mismos datos se pueden registrar en varios sitios, aunque no se descargan según dónde se registren, por lo que realizando un trabajo adecuado de registro, nos encontramos con que en la evaluación sale todo lo contrario. Ni decir tiene, que la gran presión asistencial a la que se ven sometidos muchos centros de salud, unido a que en muchos centros no existen igual nº de profesionales médicos que enfermeros está ocasionando la imposibilidad de registrar simples datos técnicos.

 

La falta de criterios a la hora de realizar el registro se debe básicamente a que no hay un objetivo de trabajo a alcanzar con los profesionales de enfermería y por tanto no se sabe qué registrar.

 

Hablemos de dos aspectos relacionados con el trabajo enfermero y la evaluación:

1.Planes de cuidados de enfermería: Nunca se evaluaron los planes de cuidados de enfermería en historias de papel, entre otras cosas porque nunca ha habido un interés por trabajar de esta forma, lo más parecido era la evaluación del seguimiento en los inmovilizados y/o terminales, que se podía registrar como planes de cuidados o con la terminología que cada uno quisiera. Si tenemos en cuenta, como he dicho anteriormente, que al proceso de evaluación podía ir cualquier miembro del equipo, nadie excepto un profesional de enfermería con conocimientos en planes de cuidados, hubiera estado y está preparado para evaluar planes de cuidados de enfermería. Con el programa informático OMI nos encontramos con un sistema que no nos permitía registrar nada de planes de cuidados, excepto en texto libre que no se evalúa, hasta la versión 6.0, que incluye por fin un sistema de trabajo y registro específico para enfermería, pero con el inconveniente de que actualmente hay formadas 10 personas en esta Gerencia, que es una de las más grandes de España, y sin expectativas claras de avanzar en este sentido ya que según los datos que tienen nuestros gestores políticos en relación al trabajo enfermero, no tendría sentido invertir en algo en lo que no se ve una clara “rentabilidad”.

 

2.  Educación para la Salud: Nunca se evaluaron ni se han evaluado las actividades de Educación para la Salud ni individual ni grupal, lo único que interesaba eran el nº de actividades de educación grupal que se realizaban pero no cómo, ni a quién se impartían, ni qué resultados se obtenían con estas actividades. En las planillas de evaluación se nos solicitaba un registro numérico, es decir, si a un centro de salud le correspondían 4 centros docentes, sólo interesaba saber en cuántos se realizaban estas actividades, nada más. Con el actual programa informático, el registro de actividades de educación para la salud grupales resulta inviable. Ni qué decir tiene que hasta ahora no ha existido un planteamiento respecto a cuánto dinero estamos ahorrando los profesionales de enfermería con nuestras actividades de prevención y promoción.

Es imposible unificar criterios a la hora de registrar datos derivados de nuestro trabajo enfermero cuando no existe un objetivo establecido de qué es lo que queremos conseguir, sin una formación en cuanto a cómo registrar y dónde y sin tener en cuenta que este nuevo mundo de la informática requiere su tiempo, un tiempo para el registro del trabajo desarrollado, que por la gran presión asistencial a la que estamos sometidos, resulta en ocasiones imposible de realizar. Lo que no se registra, dicen que no cuenta como hecho, sin embargo si me dedico a registrar en un programa no adaptado para las enfermeras, cómo desempeño mi trabajo asistencial.

 

Con todo lo dicho hasta ahora podemos hacernos una idea de porqué nuestros gestores políticos toman decisiones, en muchas ocasiones, en detrimento de la enfermería. Un colectivo que ha sabido adaptarse magistralmente a los cambios sociales, culturales y científicos de los últimos tiempos, pero cuyos datos de resultados resultan tan nefastos. Quizás, habría que plantearse un cambio en la forma de evaluar. ¿Es la evaluación individual por objetivos la solución? Lo que es un hecho es que tanto la actual forma de evaluación como los indicadores que se miden, no nos muestran qué trabajo desarrollan los profesionales de enfermería ni cómo lo hacen y sin saber esto no se pueden plantear objetivos de trabajo. Otro inconveniente con el que nos enfrentamos es que desde los puestos de gestión que tienen acceso a toda esta toma de decisiones ni se plantean que existe un colectivo, el colectivo que actualmente está cuidando a los ciudadanos de esta región, que no únicamente está infravalorado, sino que además está infrautilizado.

 

La gestión inadecuada de los recursos sanitarios con respecto a la enfermería está siendo tan evidente en la actualidad que un cambio no sólo está indicado sino que es necesario para el adecuado funcionamiento de la maquinaria sanitaria en esta región.

 

           Sería aconsejable tomar una serie de medidas de mejora:

-        Formación para el registro.

-        Evaluación individual.

-        Evaluación por profesionales preparados.

-        Evaluación no anual.

-        Cuantificación de gastos y ahorro del trabajo enfermero.